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jeudi 26 décembre 2013

Discurso del Método - RENÉ DESCARTES / Primera y segunda parte



Para bien dirigir la razón y buscar la verdad en las ciencias.

Si este discurso parece demasiado largo para leído de una vez, puede dividirse en seis
partes: en la primera se hallarán diferentes consideraciones acerca de las ciencias; en la segunda, las reglas principales del método que el autor ha buscado; en la tercera, algunas otras de moral que ha podido sacar de aquel método; en la cuarta, las razones con que prueba la existencia de Dios y del alma humana, que son los fundamentos de su metafísica; en la quinta, el orden de las cuestiones de física, que ha investigado y, en particular, la explicación del movimiento del corazón y de algunas otras dificultades que atañen a la medicina, y también la diferencia que hay entre nuestra alma y la
de los animales; y en la última, las cosas que cree necesarias para llegar, en la investigación de la naturaleza, más allá de donde él ha llegado, y las razones que le han impulsado a escribir. (5)


Primera parte
El buen sentido es lo que mejor repartido está entre todo el mundo, pues cada cual piensa que posee tan buena provisión de él, que aun los más descontentadizos respecto a cualquier otra cosa, no suelen apetecer más del que ya tienen. En lo cual no es verosímil que todos se engañen, sino que más bien esto demuestra que la facultad de juzgar y distinguir lo verdadero de lo falso, que es propiamente lo que llamamos buen sentido o razón, es naturalmente igual en todos los hombres; y, por lo tanto, que la diversidad de nuestras opiniones no proviene de que unos sean más razonables que otros, sino tan sólo de que dirigimos nuestros pensamientos por derroteros diferentes
y no consideramos las mismas cosas. No basta, en efecto, tener el ingenio bueno; lo principal es aplicarlo bien. Las almas más grandes son capaces de los mayores vicios, como de las mayores virtudes; y los que andan muy despacio pueden llegar mucho más lejos, si van siempre por el camino recto, que los que corren, pero se apartan de él.

Por mi parte, nunca he presumido de poseer un ingenio más perfecto que los ingenios
comunes; hasta he deseado muchas veces tener el pensamiento tan rápido, o la imaginación tan clara y distinta, o la memoria tan amplia y presente como algunos otros. Y no sé de otras cualidades sino ésas, que contribuyan a la perfección del ingenio; pues en lo que toca a la razón o al sentido, siendo, como es, la única cosa que nos hace hombres y nos distingue de los animales, quiero creer que está entera en cada uno de nosotros y seguir en esto la común opinión de los filósofos, que
dicen que el más o el menos es sólo de los accidentes, mas no de las formas o naturalezas de los individuos de una misma especie.

Pero, sin temor, puedo decir, que creo que fue una gran ventura para mí el haberme
metido desde joven por ciertos caminos, que me han llevado a ciertas consideraciones y máximas, con las que he formado un método, en el cual paréceme que tengo un medio para aumentar gradualmente mi conocimiento y elevarlo poco a poco hasta el punto más alto a que la mediocridad de mi ingenio y la brevedad de mi vida puedan permitirle llegar. Pues tales frutos he recogido ya de ese método, que, aun cuando, en el juicio que sobre mí mismo hago, procuro siempre inclinarme del lado de la desconfianza mejor que del de la presunción, y aunque, al mirar con ánimo filosófico las
distintas acciones y empresas de los hombres, no hallo casi ninguna que no me parezca vana e inútil, sin embargo no deja de producir en mí una extremada satisfacción el progreso que pienso haber realizado ya en la investigación de la verdad, y concibo tales esperanzas para el porvenir (6), que si entre las ocupaciones que embargan a los hombres, puramente hombres, hay alguna que sea sólidamente buena e importante, me atrevo a creer que es la que yo he elegido por mía.

Puede ser, no obstante, que me engañe; y acaso lo que me parece oro puro y diamante
fino, no sea sino un poco de cobre y de vidrio. Sé cuán expuestos estamos a equivocar nos, cuando de nosotros mismos se trata, y cuán sospechosos deben sernos también los juicios de los amigos, que se pronuncian en nuestro favor. Pero me gustaría dar a conocer, en el presente discurso, el camino que he seguido y representar en él mi vida, como en un cuadro, para que cada cual pueda formar su juicio, y así, tomando luego conocimiento, por el rumor público, de las opiniones emitidas, sea este un nuevo medio de instruirme, que añadiré a los que acostumbro emplear.

Mi propósito, pues, no es el de enseñar aquí el método que cada cual ha de seguir para
dirigir bien su razón, sino sólo exponer el modo como yo he procurado conducir la mía(7). Los que se meten a dar preceptos deben de estimarse más hábiles que aquellos a quienes los dan, y son muy censurables, si faltan en la cosa más mínima. Pero como yo no propongo este escrito, sino a modo de historia o, si preferís, de fábula, en la que, entre ejemplos que podrán imitarse, irán acaso otros también que con razón no serán seguidos, espero que tendrá utilidad para algunos, sin ser nocivo para nadie, y que todo el mundo agradecerá mi franqueza.

Desde la niñez, fui criado en el estudio de las letras y, como me aseguraban que por
medio de ellas se podía adquirir un conocimiento claro y seguro de todo cuanto es útil para la vida, sentía yo un vivísimo deseo de aprenderlas. Pero tan pronto como hube terminado el curso de los estudios, cuyo remate suele dar ingreso en el número de los hombres doctos, cambié por completo de opinión, Pues me embargaban tantas dudas y errores, que me parecía que, procurando instruirme, no había conseguido más provecho que el de descubrir cada vez mejor mi ignorancia. Y, sin embargo, estaba en una de las más famosas escuelas de Europa (8), en donde pensaba yo que debía haber hombres sabios, si los hay en algún lugar de la tierra. Allí había aprendido todo lo que los
demás aprendían; y no contento aún con las ciencias que nos enseñaban, recorrí cuantos libros pudieron caer en mis manos, referentes a las ciencias que se consideran como las más curiosas y raras. Conocía, además, los juicios que se hacían de mi persona, y no veía que se me estimase en menos que a mis condiscípulos, entre los cuales algunos había ya destinados a ocupar los puestos que dejaran vacantes nuestros maestros. Por último, parecíame nuestro siglo tan floreciente y fértil en buenos ingenios, como haya sido cualquiera dé los precedentes. Por todo lo cual, me tomaba la
libertad de juzgar a los demás por mí mismo y de pensar que no había en el mundo doctrina alguna como la que se me había prometido anteriormente.

No dejaba por eso de estimar en mucho los ejercicios que se hacen en las escuelas. Sabía que las lenguas que en ellas se aprenden son necesarias para la inteligencia de los libros antiguos; que la gentileza de las fábulas despierta el ingenio; que las acciones memorables, que cuentan las historias, lo elevan y que, leídas con discreción, ayudan a formar el juicio; que la lectura de todos los buenos libros es como una conversación con los mejores ingenios de los pasados siglos, que los han compuesto, y hasta una conversación estudiada, en la que no nos descubren sino lo más selecto
de sus pensamientos; que la elocuencia posee fuerzas y bellezas incomparables; que la poesía tiene delicadezas y suavidades que arrebatan; que en las matemáticas hay sutilísimas invenciones que pueden ser de mucho servicio, tanto para satisfacer a los curiosos, como para facilitar las artes todas y disminuir el trabajo de los hombres; que los escritos, que tratan de las costumbres, encierran varias enseñanzas y exhortaciones a la virtud, todas muy útiles; que la teología enseña a ganar el
cielo; que la filosofía proporciona medios para hablar con verosimilitud de todas las cosas y recomendarse a la admiración de los menos sabios (9); que la jurisprudencia, la medicina y demás ciencias honran y enriquecen a quienes las cultivan; y, por último, que es bien haberlas recorrido todas, aun las más supersticiosas y las más falsas, para conocer su justo valor y no dejarse engañar por ellas.

Pero creía también que ya había dedicado bastante tiempo a las lenguas e incluso a la
lectura de los libros antiguos y a sus historias y a sus fábulas. Pues es casi lo mismo conversar con gentes de otros siglos, que viajar por extrañas tierras. Bueno es saber algo de las costumbres de otros pueblos, para juzgar las del propio con mejor acierto, y no creer que todo lo que sea contrario a nuestras modas es ridículo y opuesto a la razón, como suelen hacer los que no han visto nada.
Pero el que emplea demasiado tiempo en viajar, acaba por tornarse extranjero en su propio país; y al que estudia con demasiada curiosidad lo que se hacía en los siglos pretéritos, ocúrrele de ordinario que permanece ignorante de lo que se practica en el presente. Además, las fábulas son causa de que imaginemos como posibles acontecimientos que no lo son; y aun las más fieles historias, supuesto que no cambien ni aumenten el valor de las cosas, para hacerlas más dignas de ser leídas, omiten
por lo menos, casi siempre, las circunstancias más bajas y menos ilustres, por lo cual sucede que lo restante no aparece tal como es y que los que ajustan sus costumbres a los ejemplos que sacan de las historias, se exponen a caer en las extravagancias de los paladines de nuestras novelas y a concebir designios, a que no alcanzan sus fuerzas.

Estimaba en mucho la elocuencia y era un enamorado de la poesía; pero pensaba que una y otra son dotes del ingenio más que frutos del estudio. Los que tienen más robusto razonar y digieren mejor sus pensamientos, para hacerlos claros e inteligibles, son los más capaces de llevar a los ánimos la persuasión, sobre lo que proponen, aunque hablen una pésima lengua y no hayan aprendido nunca retórica; y los que imaginan las más agradables invenciones, sabiéndolas expresar con mayor ornato y suavidad, serán siempre los mejores poetas, aun cuando desconozcan el arte poética.

Gustaba sobre todo de las matemáticas, por la certeza y evidencia que poseen sus
razones; pero aun no advertía cuál era su verdadero uso y, pensando que sólo para las artes mecánicas servían, extrañábame que, siendo sus cimientos tan firmes y sólidos, no se hubiese construido sobre ellos nada más levantado (10). Y en cambio los escritos de los antiguos paganos, referentes a las costumbres, comparábalos con palacios muy soberbios y magníficos, pero construidos sobre arena y barro: levantan muy en alto las virtudes y las presentan como las cosas más estimables que hay en el mundo; pero no nos enseñan bastante a conocerlas y, muchas veces, dan ese hermoso nombre a lo que no es sino insensibilidad, orgullo, desesperación o parricidio (11).

Profesaba una gran reverencia por nuestra teología y, como cualquier otro, pretendía yo ganar el cielo. Pero habiendo aprendido, como cosa muy cierta, que el camino de la salvación está tan abierto para los ignorantes como para los doctos y que las verdades reveladas, que allá conducen, están muy por encima de nuestra inteligencia, nunca me hubiera atrevido a someterlas a la flaqueza de mis razonamientos, pensando que, para acometer la empresa de examinarlas y salir con bien de ella, era preciso alguna extraordinaria ayuda del cielo, y ser, por tanto, algo más que hombre.

Nada diré de la filosofía sino que, al ver que ha sido cultivada por los más excelentes
ingenios que han vivido desde hace siglos, y, sin embargo, nada hay en ella que no sea objeto de disputa y, por consiguiente, dudoso, no tenía yo la presunción de esperar acertar mejor que los demás; y considerando cuán diversas pueden ser las opiniones tocante a una misma materia, sostenidas todas por gentes doctas, aun cuando no puede ser verdadera más que una sola, reputaba casi por falso todo lo que no fuera más que verosímil.

Y en cuanto a las demás ciencias, ya que toman sus principios de la filosofía, pensaba yo que sobre tan endebles cimientos no podía haberse edificado nada sólido; y ni el honor ni el provecho, que prometen, eran bastantes para invitarme a aprenderlas; pues no me veía, gracias a Dios, en tal condición que hubiese de hacer de la ciencia un oficio con que mejorar mi fortuna; y aunque no profesaba el desprecio de la gloria a lo cínico, sin embargo, no estimaba en mucho aquella fama, cuya adquisición sólo merced a falsos títulos puede lograrse. Y, por último, en lo que toca a las malas doctrinas, pensaba que ya conocía bastante bien su valor, para no dejarme burlar ni por las promesas de un alquimista, ni por las predicciones de un astrólogo, ni por los engaños de un mago, ni por los artificios o la presunción de los que profesan saber más de lo que saben.

Así, pues, tan pronto como estuve en edad de salir de la sujeción en que me tenían mis
preceptores, abandoné del todo el estudio de las letras; y, resuelto a no buscar otra ciencia que la que pudiera hallar en mí mismo o en el gran libro del mundo, empleé el resto de mi juventud en viajar, en ver cortes y ejércitos (12), en cultivar la sociedad de gentes de condiciones y humores diversos, en recoger varias experiencias, en ponerme a mí mismo a prueba en los casos que la flexiones sobre las cosas que se me presentaban, que pudiera sacar algún provecho de ellas. Pues parecíame que podía hallar mucha más verdad en los razonamientos que cada uno hace acerca de los asuntos que le atañen, expuesto a que el suceso venga luego a castigarle, si ha juzgado mal, que en los que discurre un hombre de letras, encerrado en su despacho, acerca de especulaciones que no producen efecto alguno y que no tienen para él otras consecuencias, sino que acaso sean tanto mayor motivo para envanecerle cuanto más se aparten del sentido común, puesto que habrá tenido que gastar más ingenio y artificio en procurar hacerlas verosímiles. Y siempre sentía un deseo extremado de aprender a distinguir lo verdadero de lo falso, para ver claro en mis actos y andar seguro por esta vida.

Es cierto que, mientras me limitaba a considerar las costumbres de los otros hombres,
apenas hallaba cosa segura y firme, y advertía casi tanta diversidad como antes en las opiniones de los filósofos. De suerte que el mayor provecho que obtenía, era que, viendo varias cosas que, a pesar de parecernos muy extravagantes y ridículas, no dejan de ser admitidas comúnmente y aprobadas por otros grandes pueblos, aprendía a no creer con demasiada firmeza en lo que sólo el ejemplo y la costumbre me habían persuadido; y así me libraba poco a poco de muchos errores, que pueden oscurecer nuestra luz natural y tornarnos menos aptos para escuchar la voz de la razón. Mas
cuando hube pasado varios años estudiando en el libro del mundo y tratando de adquirir alguna experiencia, resolvíme un día a estudiar también en mí mismo y a emplear todas las fuerzas de mi ingenio en la elección de la senda que debía seguir; lo cual me salió mucho mejor, según creo, que si no me hubiese nunca alejado de mi tierra y de mis libros.








Segunda parte

Hallábame, por entonces, en Alemania, adonde me llamara la ocasión de unas guerras
(13) que aun no han terminado; y volviendo de la coronación del Emperador (14) hacia el ejército, cogióme el comienzo del invierno en un lugar en donde, no encontrando conversación alguna que me divirtiera y no teniendo tampoco, por fortuna, cuidados ni pasiones que perturbaran mi ánimo, permanecía el día entero solo y encerrado, junto a una estufa, con toda la tranquilidad necesaria para entregarme a mis pensamientos (15). Entre los cuales, fue uno de los primeros el ocurrírseme considerar que muchas veces sucede que no hay tanta perfección en las obras compuestas de varios trozos y hechas por las manos de muchos maestros, como en aquellas en que uno solo ha trabajado.
Así vemos que los edificios, que un solo arquitecto ha comenzado y rematado, suelen ser más hermosos y mejor ordenados que aquellos otros, que varios han tratado de componer y arreglar, utilizando antiguos muros, construidos para otros fines. Esas viejas ciudades, que no fueron al principio sino aldeas, y que, con el transcurso del tiempo han llegado a ser grandes urbes, están, por lo común, muy mal trazadas y acompasadas, si las comparamos con esas otras plazas regulares que un ingeniero diseña, según su fantasía, en una llanura; y, aunque considerando sus edificios uno por
uno encontremos a menudo en ellos tanto o más arte que en los de estas últimas ciudades nuevas, sin embargo, viendo cómo están arreglados, aquí uno grande, allá otro pequeño, y cómo hacen las calles curvas y desiguales, diríase que más bien es la fortuna que la voluntad de unos hombres provistos de razón, la que los ha dispuesto de esa suerte. Y si se considera que, sin embargo, siempre ha habido unos oficiales encargados de cuidar de que los edificios de los particulares sirvan al ornato público, bien se reconocerá cuán difícil es hacer cumplidamente las cosas cuando se
trabaja sobre lo hecho por otros. Así también, imaginaba yo que esos pueblos que fueron antaño medio salvajes y han ido civilizándose poco a poco, haciendo sus leyes conforme les iba obligando la incomodidad de los crímenes y peleas, no pueden estar tan bien constituidos como los que, desde que se juntaron, han venido observando las constituciones de algún prudente legislador (16). Como también es muy cierto, que el estado de la verdadera religión, cuyas ordenanzas Dios solo ha instituido, debe estar incomparablemente mejor arreglado que todos los demás. Y para hablar de las cosas humanas, creo que si Esparta ha sido antaño muy floreciente, no fue por causa de la bondad de cada una de sus leyes en particular, que algunas eran muy extrañas y hasta contrarias a las buenas costumbres, sino porque, habiendo sido inventadas por uno solo, todas tendían al mismo fin.
Y así pensé yo que las ciencias de los libros, por lo menos aquellas cuyas razones son solo probables y carecen de demostraciones, habiéndose compuesto y aumentado poco a poco con las opiniones de varias personas diferentes, no son tan próximas a la verdad como los simples razonamientos que un hombre de buen sentido puede hacer, naturalmente, acerca de las cosas que se presentan. Y también pensaba yo que, como hemos sido todos nosotros niños antes de ser hombres y hemos tenido que dejarnos regir durante mucho tiempo por nuestros apetitos y nuestros preceptores, que muchas veces eran contrarios unos a otros, y ni unos ni otros nos aconsejaban
acaso siempre lo mejor, es casi imposible que sean nuestros juicios tan puros y tan sólidos como lo fueran si, desde el momento de nacer, tuviéramos el uso pleno de nuestra razón y no hubiéramos sido nunca dirigidos más que por ésta.
Verdad es que no vemos que se derriben todas las casas de una ciudad con el único
propósito de reconstruirlas en otra manera y de hacer más hermosas las calles; pero vemos que muchos particulares mandan echar abajo sus viviendas para reedificarlas y, muchas veces, son forzados a ello, cuando los edificios están en peligro de caerse, por no ser ya muy firmes los cimientos. Ante cuyo ejemplo, llegué a persuadirme de que no sería en verdad sensato que un particular se propusiera reformar un Estado cambiándolo todo, desde los cimientos, y derribándolo para enderezarlo; ni aun siquiera reformar el cuerpo de las ciencias o el orden establecido en las escuelas para su enseñanza; pero que, por lo que toca a las opiniones, a que hasta entonces había
dado mi crédito, no podía yo hacer nada mejor que emprender de una vez la labor de suprimirlas, para sustituirlas luego por otras mejores o por las mismas, cuando las hubiere ajustado al nivel de la razón. Y tuve firmemente por cierto que, por este medio, conseguiría dirigir mi vida mucho mejor que si me contentase con edificar sobre cimientos viejos y me apoyase solamente en los principios que había aprendido siendo joven, sin haber examinado nunca si eran o no verdaderos. Pues si bien en esta empresa veía varias dificultades, no eran, empero, de las que no tienen remedio; ni pueden compararse con las que hay en la reforma de las menores cosas que atañen a lo público. Estos grandes cuerpos políticos, es muy difícil levantarlos, una vez que han sido derribados, o aun sostenerlos en pie cuando se tambalean, y sus caídas son necesariamente muy duras. Además, en lo tocante a sus imperfecciones, si las tienen -y sólo la diversidad que existe entre ellos basta para asegurar que varios las tienen -, el uso las ha suavizado mucho sin duda, y hasta ha evitado o corregido insensiblemente no pocas de entre ellas, que con la prudencia no hubieran podido remediarse tan eficazmente; y por último, son casi siempre más soportables que lo sería el cambiarlas, como los caminos reales, que serpentean por las montañas, se hacen poco a poco tan
llanos y cómodos, por, el mucho tránsito, que es muy preferible seguirlos, que no meterse en acortar, saltando por encima de las rocas y bajando hasta el fondo de las simas.

Por todo esto, no puedo en modo alguno aplaudir a esos hombres de carácter inquieto y atropellado que, sin ser llamados ni por su alcurnia ni por su fortuna al manejo de los negocios públicos, no dejan de hacer siempre, en idea, alguna reforma nueva; y si creyera que hay en este escrito la menor cosa que pudiera hacerme sospechoso de semejante insensatez, no hubiera consentido en su publicación (17). Mis designios no han sido nunca otros que tratar de reformar mis propios pensamientos y edificar sobre un terreno que me pertenece a mí solo. Si, habiéndome gustado bastante mi obra, os enseño aquí el modelo, no significa esto que quiera yo aconsejar a nadie que me imite. Los que hayan recibido de Dios mejores y más abundantes mercedes, tendrán, sin duda, más levantados propósitos; pero mucho me temo que éste mío no sea ya demasiado audaz para algunas personas. Ya la mera resolución de deshacerse de todas las opiniones recibidas anteriormente no es un ejemplo que todos deban seguir. Y el mundo se compone casi sólo de dos especies de ingenios, a quienes este ejemplo no conviene, en modo alguno, y son, a saber: de los que, creyéndose más hábiles de lo que son, no pueden contener la precipitación de sus juicios ni conservar la bastante paciencia para conducir ordenadamente todos sus pensamientos; por donde
sucede que, si una vez se hubiesen tomado la libertad de dudar de los principios que han recibido y de apartarse del camino común, nunca podrán mantenerse en la senda que hay que seguir para ir más en derechura, y permanecerán extraviados toda su vida; y de otros que, poseyendo bastante razón o modestia para juzgar que son menos capaces de distinguir lo verdadero de lo falso que otras personas, de quienes pueden recibir instrucción, deben más bien contentarse con seguir las opiniones de esas personas, que buscar por sí mismos otras mejores.

Y yo hubiera sido, sin duda, de esta última especie de ingenios, si no hubiese tenido en
mi vida más que un solo maestro o no hubiese sabido cuán diferentes han sido, en todo tiempo, las opiniones de los más doctos. Mas, habiendo aprendido en el colegio que no se puede imaginar nada, por extraño e increíble que sea, que no haya sido dicho por alguno de los filósofos, y habiendo visto luego, en mis viajes, que no todos los que piensan de modo contrario al nuestro son por ello bárbaros y salvajes, sino que muchos hacen tanto o más uso que nosotros de la razón; y habiendo considerado que un mismo hombre, con su mismo ingenio, si se ha criado desde niño entre franceses o alemanes, llega a ser muy diferente de lo que sería si hubiese vivido siempre entre chinos o caníbales; y que hasta en las modas de nuestros trajes, lo que nos ha gustado hace diez años, y acaso vuelva a gustarnos dentro de otros diez, nos parece hoy extravagante y ridículo, de suerte que más son la costumbre y el ejemplo los que nos persuaden, que un conocimiento cierto; y que, sin embargo, la multitud de votos no es una prueba que valga para las verdades algo difíciles de descubrir, porque más verosímil es que un hombre solo dé con ellas que no todo un pueblo, no podía yo elegir a una persona, cuyas opiniones me parecieran preferibles a las de las demás, y me vi
como obligado a emprender por mí mismo la tarea de conducirme.

Pero como hombre que tiene que andar solo y en la oscuridad, resolví ir tan despacio y
emplear tanta circunspección en todo, que, a trueque de adelantar poco, me guardaría al menos muy bien de tropezar y caer. E incluso no quise empezar a deshacerme por completo de ninguna de las opiniones que pudieron antaño deslizarse en mi creencia, sin haber sido introducidas por la razón, hasta después de pasar buen tiempo dedicado al proyecto de la obra que iba a emprender, buscando el verdadero método para llegar al conocimiento de todas las cosas de que mi espíritu fuera capaz.

Había estudiado un poco, cuando era más joven, de las partes de la filosofía, la lógica, y de las matemáticas, el análisis de los geómetras y el álgebra, tres artes o ciencias que debían, al parecer, contribuir algo a mi propósito. Pero cuando las examiné, hube de notar que, en lo tocante a la lógica, sus silogismos y la mayor parte de las demás instrucciones que da, más sirven para explicar a otros las cosas ya sabidas o incluso, como el arte de Lulio (18), para hablar sin juicio de las ignoradas, que para aprenderlas. Y si bien contiene, en verdad, muchos, muy buenos y verdaderos preceptos, hay, sin embargo, mezclados con ellos, tantos otros nocivos o superfluos, que separarlos es casi tan difícil como sacar una Diana o una Minerva de un bloque de mármol sin desbastar. Luego, en lo tocante al análisis (19) de los antiguos y al álgebra de los modernos, aparte de que no se refieren sino a muy abstractas materias, que no parecen ser de ningún uso, el primero está siempre tan constreñido a considerar las figuras, que no puede ejercitar el entendimiento sin cansar grandemente la imaginación; y en la segunda, tanto se han sujetado sus cultivadores a ciertas
reglas y a ciertas cifras, que han hecho de ella un arte confuso y oscuro, bueno para enredar el ingenio, en lugar de una ciencia que lo cultive. Por todo lo cual, pensé que había que buscar algún otro método que juntase las ventajas de esos tres, excluyendo sus defectos.

Y como la multitud de leyes sirve muy a menudo de disculpa a los vicios, siendo un
Estado mucho mejor regido cuando hay pocas, pero muy estrictamente observadas, así también, en lugar del gran número de preceptos que encierra la lógica, creí que me bastarían los cuatro siguientes, supuesto que tomase una firme y constante resolución de no dejar de observarlos una vez siquiera:

Fue el primero, no admitir como verdadera cosa alguna, como no supiese con evidencia
que lo es; es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención, y no comprender en mis que se presentase tan clara y distintamente a mí espíritu, que no hubiese ninguna ocasión de ponerlo en duda.

El segundo, dividir cada una de las dificultades, que examinare, en cuantas partes fuere posible y en cuantas requiriese su mejor solución.

El tercero, conducir ordenadamente mis pensamientos, empezando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco, gradualmente, hasta el conocimiento de los más compuestos, e incluso suponiendo un orden entre los que no se preceden naturalmente.

Y el último, hacer en todo unos recuentos tan integrales y unas revisiones tan generales, que llegase a estar seguro de no omitir nada.

Esas largas series de trabadas razones muy simples y fáciles, que los geómetras
acostumbran emplear, para llegar a sus más difíciles demostraciones, habíanme dado ocasión de imaginar que todas las cosas, de que el hombre puede adquirir conocimiento, se siguen unas a otras en igual manera, y que, con sólo abstenerse de admitir como verdadera una que no lo sea y guardar siempre el orden necesario para deducirlas unas de otras, no puede haber ninguna, por lejos que se halle situada o por oculta que esté, que no se llegue a alcanzar y descubrir. Y no me cansé mucho en
buscar por cuáles era preciso comenzar, pues ya sabía que por las más simples y fáciles de conocer; y considerando que, entre todos los que hasta ahora han investigado la verdad en las ciencias, sólo los matemáticos han podido encontrar algunas demostraciones, esto es, algunas razones ciertas y evidentes, no dudaba de que había que empezar por las mismas que ellos han examinado, aun cuando no esperaba sacar de aquí ninguna otra utilidad, sino acostumbrar mi espíritu a saciarse de verdades y a no contentarse con falsas razones. Mas no por eso concebí el propósito de procurar aprender todas las ciencias particulares denominadas comúnmente matemáticas, y viendo que, aunque sus objetos son diferentes, todas, sin embargo, coinciden en que no consideran sino las varias relaciones o proporciones que se encuentran en los tales objetos, pensé que más valía limitarse a examinar esas proporciones en general, suponiéndolas solo en aquellos asuntos que sirviesen para hacerme más fácil su conocimiento y hasta no sujetándolas a ellos de ninguna
manera, para poder después aplicarlas tanto más libremente a todos los demás a que pudieran convenir (20). Luego advertí que, para conocerlas, tendría a veces necesidad de considerar cada una de ellas en particular, y otras veces, tan solo retener o comprender varias juntas, y pensé que, para considerarlas mejor en particular, debía suponerlas en líneas, porque no encontraba nada más simple y que más distintamente pudiera yo representar a mi imaginación y mis sentidos; pero que, para retener o comprender varias juntas, era necesario que las explicase en algunas cifras, las más
cortas que fuera posible; y que, por este medio, tomaba lo mejor que hay en el análisis geométrico y en el álgebra, y corregía así todos los defectos de una por el otro (21).

Y, efectivamente, me atrevo a decir que la exacta observación de los pocos preceptos por mí elegidos, me dio tanta facilidad para desenmarañar todas las cuestiones de que tratan esas dos ciencias, que en dos o tres meses que empleé en examinarlas, habiendo comenzado por las más simples y generales, y siendo cada verdad que encontraba una regla que me servía luego para encontrar otras, no sólo conseguí resolver varias cuestiones, que antes había considerado como muy difíciles, sino que hasta me pareció también, hacia el final, que, incluso en las que ignoraba, podría determinar por qué medios y hasta dónde era posible resolverlas. En lo cual, acaso no me acusaréis
de excesiva vanidad si consideráis que, supuesto que no hay sino una verdad en cada cosa, el que la encuentra sabe todo lo que se puede saber de ella; y que, por ejemplo, un niño que sabe aritmética y hace una suma conforme a las reglas, puede estar seguro de haber hallado, acerca de la suma que examinaba, todo cuanto el humano ingenio pueda hallar; porque al fin y al cabo el método que enseña a seguir exactamente las circunstancias todas de lo que se busca, contiene todo lo que confiere certidumbre a las reglas de la aritmética.

Pero lo que más contento me daba en este método era que, con él, tenía la seguridad de emplear mi razón en todo, si no perfectamente, por lo menos lo mejor que fuera en mi poder. Sin contar con que, aplicándolo, sentía que mi espíritu se iba acostumbrando poco a poco a concebir los objetos con mayor claridad y distinción y que, no habiéndolo sujetado a ninguna materia particular, prometíame aplicarlo con igual fruto a las dificultades de las otras ciencias, como lo había hecho a las del álgebra. No por eso me atreví a empezar luego a examinar todas las que se presentaban, pues eso mismo fuera contrario al orden que el método prescribe; pero habiendo advertido que los
principios de las ciencias tenían que estar todos tomados de la filosofía, en la que aun no hallaba ninguno que fuera cierto, pensé que ante todo era preciso procurar establecer algunos de esta clase y, siendo esto la cosa más importante del mundo y en la que son más de temer la precipitación y la prevención, creí que no debía acometer la empresa antes de haber llegado a más madura edad que la de veintitrés años, que entonces tenía, y de haber dedicado buen espacio de tiempo a prepararme,
desarraigando de mi espíritu todas las malas opiniones a que había dado entrada antes de aquel tiempo, haciendo también acopio de experiencias varias, que fueran después la materia de mis razonamientos y, por último, ejercitándome sin cesar en el método que me había prescrito, para afianzarlo mejor en mi espíritu.

jeudi 27 juin 2013

PORQUE SIGUEN BORDANDO MI VIDA

ENCAJE DE BOLILLOS

Agonizo a espaldas del tiempo
mientras la guerra descompone el reloj
bajo la mirada indiferente del horizonte que huye.

La ignorancia es un latido que arrasa la nostalgia
bordea el cuerpo como si fuera una isla y salta
sobre lo conjugable y todo lo que se mueve.

Encaje de bolillos para que el silencio
hecho de estrépitos sordos se levante,
aúlle y respire cual perecedero declinar.


Amelia Díez Cuesta 
                    


ENCAJES DE BOLILLOS

 

La noche se abrió en la ventana y el cielo quedó esperando pájaros.
Mañana será todo distinto pero ahora es mío el infinito.
Mañana será una madrugada con silencios
entre los que pasarán las sinfonías solares
volviendo fosforescentes los frascos de mi cuarto.

El rocío perdido entre los yuyos despertará al dueño de las vacas
que saldrán a iniciar el ritual de cuatro estómagos pastando,
sin saber nunca que junto a ellas iba mi temblor al contemplarlas.

A causa de mis ojos que las miran salieron devoradas
por alguna locura desatada que se clavó en sus redondos ojos fijos
haciéndome pensar en la inconstancia de esta tierra,
y en la fragilidad con que existieron los días de mi alma.

La que fui y estoy siendo se acompañan tomadas de la mano
saltando al ritmo de un corazón que vibra como un río
y se preguntan por aquellas tardes en que plegarias de países olvidados
salían a la puerta de la casa a tejer sus encajes
mientras pequeños remolinos de hilos
traían las ausencias a sentarse con ellas
porque eran íntimos y habían partido de forma inexplicable.

Apenas una imagen junto a un lejano mar cubierto de pañuelos
y una ínfima historia pegada a sus polleras
sin poder esconder las huellas que algún Dios,
habría grabado entre sus piernas entreabiertas
salpicadas con agua, sal, y granitos de arena.

Océanos de espuma borran las huellas de los pájaros
y cortejos nupciales anuncian haber llegado al borde de este mundo
donde mujer y espuma inician el delirio con la luna
y el blanco hilo dibuja sutilmente en el encaje
el movimiento de sus brazos desnudos agitando el pasado
sin rezos en la voz y dueñas de una memoria de borrascas.
 

                                                      

                                           
 

mardi 11 juin 2013

Séminaire Sigmund Freud, en français, gratuit, on-line. Classes des 2/9/16/23/ et 30 avril 2013.



                      Le rêve est comme une réalisation du désir

                                                      Mardi 2 avril 2013               




                                                    ---------------------------

                                        La déformation onirique

                                                       Mardi 9 avril 2013

                                           "Avant la formation du rêve il n'y a rien"


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                                Matériaux et sources du rêve

                                                       Mardi 16 avril 2013

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                                  Matériaux et sources du rêve (II)
 
                                                     Mardi 23 avril 2013
 
                                        -------------------------------------------------

                                              Le travail du rêve

                                                    Mardi 30 avril 2013






                                            

mardi 16 avril 2013

Séminaire Sigmund Freud, en français, gratuit, on-line. Classes des 5, 12 et19 mars 2013.


5 mars 2013                 
                                          "Le réel dans le poème semble s'informer de lui-même"
            
                                                   L'écriture, base matérielle des sciences


12 mars 2013
                                     "Il faut construire l'inconscient; avant l'interprétation il n'existe pas."

                                                  Introduction à La Méthode d'interprétation du rêve.


19 mars 2013
                                      "L'expérience nous montre que tous ceux qui veulent être plus nobles
                                   que ce que leur constitution leur permet, tombent malades de névrose."

                                                 La Méthode d'interprétation du rêve - 2ème classe



                                                                                                   
                                          
                                                       

samedi 6 avril 2013

O mathématiques sévères - Comte de Lautréamont

 O mathématiques sévères, je ne vous ai pas oubliées, depuis que vos savantes leçons, plus douces que le miel, filtrèrent dans mon cœur, comme une onde rafraîchissante. J'aspirais instinctivement, dès le berceau, à boire à votre source, plus ancienne que le soleil, et je continue encore de fouler le parvis sacré de votre temple solennel, moi, le plus fidèle de vos initiés. Il y avait du vague dans mon esprit, un je ne sais quoi épais comme de la fumée; mais, je sus franchir religieusement les degrés qui mènent à votre autel, et vous avez chassé ce voile obscur, comme le vent chasse le damier. Vous avez mis, à la place, une froideur excessive, une prudence consommée et une logique implacable. A l'aide de votre lait fortifiant, mon intelligence s'est rapidement développée, et a pris des proportions immenses, au milieu de cette clarté ravissante dont vous faites présent, avec prodigalité, à ceux qui vous aiment d'un sincère amour. Arithmétique! algèbre! géométrie! trinité grandiose! triangle lumineux! Celui qui ne vous a pas connues est un insensé! Il mériterait l'épreuve des plus grands supplices; car, il y a du mépris aveugle dans son insouciance ignorante; mais, celui qui vous connaît et vous apprécie ne veut plus rien des biens de la terre; se contente de vos jouissances magiques; et, porté sur vos ailes sombres, ne désire plus que de s'élever, d'un vol léger, en construisant une hélice ascendante, vers la voûte sphérique des cieux. La terre ne lui montre que des illusions et des fantasmagories morales; mais vous, ô mathématiques concises, par l'enchaînement rigoureux de vos propositions tenaces et la constance de vos lois de fer, vous faites luire, aux yeux éblouis, un reflet puissant de cette vérité suprême dont on remarque l'empreinte dans l'ordre de l'univers. Mais, l'ordre qui vous entoure, représenté surtout par la régularité parfaite du carré, l'ami de Pythagore, est encore plus grand; car, le Tout-Puissant s'est révélé complètement, lui et ses attributs, dans ce travail mémorable qui consista à faire sortir, des entrailles du chaos, vos trésors de théorèmes et vos magnifiques splendeurs. Aux époques antiques et dans les temps modernes, plus d'une grande imagination humaine vit son génie, épouvanté, à la contemplation de vos figures symboliques tracées sur le papier brûlant, comme autant de signes mystérieux, vivants d'une haleine latente, que ne comprend pas le vulgaire profane et qui n'étaient que la révélation éclatante d'axiomes et d’hiéroglyphes éternels, qui ont existé avant l'univers et qui se maintiendront après lui. Elle se demande, penchée vers le précipice d'un point d'interrogation fatal, comment se fait-il que les mathématiques contiennent tant d'imposante grandeur et tant de vérité incontestable, tandis que, si elle les compare à l'homme, elle ne trouve en ce dernier que faux orgueil et mensonge. Alors, cet esprit supérieur, attristé, auquel la familiarité noble de vos conseils fait sentir davantage la petitesse de l'humanité et son incomparable folie, plonge sa tête, blanchie, sur une main décharnée et reste absorbé dans des méditations surnaturelles. Il incline ses genoux devant vous, et sa vénération rend hommage à votre visage divin, comme à la propre image du Tout-Puissant. Pendant mon enfance, vous m'apparûtes, une nuit de mai, aux rayons de la lune, sur une prairie verdoyante, aux bords d'un ruisseau limpide, toutes les trois égales en grâce et en pudeur, toutes les trois pleines de majesté comme des reines. Vous fîtes quelques pas vers moi, avec votre longue robe, flottante comme une vapeur, et vous m'attirâtes vers vos fières mamelles, comme un fils béni. Alors, j'accourus avec empressement, mes mains crispées sur votre blanche gorge. Je me suis nourri, avec reconnaissance, de votre manne féconde, et j'ai senti que l'humanité grandissait en moi, et devenait meilleure. Depuis ce temps, ô déesses rivales, je ne vous ai pas abandonnées. Depuis ce temps, que de projets énergiques, que de sympathies, que je croyais avoir gravées sur les pages de mon cœur, comme sur du marbre, n'ont-elles pas effacé lentement, de ma raison désabusée, leurs lignes configuratives, comme l'aube naissante efface les ombres de la nuit! Depuis ce temps, j'ai vu la mort, dans l'intention, visible à l’œil nu, de peupler les tombeaux, ravager les champs de bataille, engraissés par le sang humain et faire pousser des fleurs matinales par-dessus les funèbres ossements. Depuis ce temps, j'ai assisté aux révolutions de notre globe; les tremblements de terre, les volcans, avec leur lave embrasée, le simoun du désert et les naufrages de la tempête ont eu ma présence pour spectateur impassible. Depuis ce temps, j'ai vu plusieurs générations humaines élever, le matin, ses ailes et ses yeux, vers l'espace, avec la joie inexpériente de la chrysalide qui salue sa dernière métamorphose, et mourir, le soir, avant le coucher du soleil, la tête courbée, comme des fleurs fanées que balance le sifflement plaintif du vent. Mais, vous, vous restez toujours les mêmes. Aucun changement, aucun air empesté n'effleure les rocs escarpés et les vallées immenses de votre identité. Vos pyramides modestes dureront davantage que les pyramides d'Égypte, fourmilières élevées par la stupidité et l'esclavage. La fin des siècles verra encore, debout sur les ruines des temps, vos chiffres cabalistiques, vos équations laconiques et vos lignes sculpturales siéger à la droite vengeresse du Tout-Puissant, tandis que les étoiles s'enfonceront, avec désespoir, comme des trombes, dans l'éternité d'une nuit horrible et universelle, et que l'humanité, grimaçante, songera à faire ses comptes avec le jugement dernier. Merci, pour les services innombrables que vous m'avez rendus. Merci, pour les qualités étrangères dont vous avez enrichi mon intelligence. Sans vous, dans ma lutte contre l'homme, j'aurai peut-être été vaincu. Sans vous, il m'aurait fait rouler dans le sable et embrasser la poussière de ses pieds. Sans vous, avec une griffe perfide, il aurait labouré ma chair et mes os. Mais, je me suis tenu sur mes gardes, comme un athlète expérimenté. Vous me donnâtes la froideur qui surgit de vos conceptions sublimes, exemptes de passion. Je m'en servis pour rejeter avec dédain les jouissances éphémères de mon court voyage et pour renvoyer de ma porte les offres sympathiques, mais trompeuses, de mes semblables. Vous me donnâtes la prudence opiniâtre qu'on déchiffre à chaque pas dans vos méthodes admirables de l'analyse, de la synthèse et de la déduction. Je m'en servis pour dérouter les ruses pernicieuses de mon ennemi mortel, pour l'attaquer, à mon tour, avec adresse, et plonger, dans les viscères de l'homme, un poignard aigu qui restera à jamais enfoncé dans son corps; car, c'est une blessure dont il ne se relèvera pas. Vous me donnâtes la logique, qui est comme l'âme elle-même de vos enseignements, pleine de sagesse; avec ses syllogismes, dont le labyrinthe compliqué n'en est que plus compréhensible, mon intelligence sentit s'accroître du double ses forces audacieuses. A l'aide de cet auxiliaire terrible, je découvris, dans l'humanité, en nageant vers les bas-fonds, en face de l'écueil de la haine, la méchanceté noire et hideuse, qui croupissait au milieu de miasmes délétères, en s'admirant le nombril. Le premier, je découvris, dans les ténèbres de ses entrailles, ce vice néfaste, le mal! supérieur en lui au bien. Avec cette arme empoisonnée que vous me prêtâtes, je fis descendre, de son piédestal, construit par la lâcheté de l'homme, le Créateur lui-même! Il grinça des dents et subit cette injure ignominieuse; car, il avait pour adversaire quelqu'un de plus fort que lui. Mais, je le laisserai de côté, comme un paquet de ficelles, afin d'abaisser mon vol... Le penseur Descartes faisait, une fois, cette réflexion que rien de solide n'avait été bâti sur vous. C'était une manière ingénieuse de faire comprendre que le premier venu ne pouvait pas sur le coup découvrir votre valeur inestimable. En effet, quoi de plus solide que les trois qualités principales déjà nommées qui s'élèvent, entrelacées comme une couronne unique, sur le sommet auguste de votre architecture colossale? Monument qui grandit sans cesse de découvertes quotidiennes, dans vos mines de diamant, et d'explorations scientifiques, dans vos superbes domaines. O mathématiques saintes, puissiez-vous, par votre commerce perpétuel, consoler le reste de mes jours de la méchanceté de l'homme et de l'injustice du Grand-Tout!

Comte de Lautréamont - "Les Chants de Maldoror -
Chant deuxième - Strophe 10"

lundi 18 mars 2013

Séminaire Sigmund Freud, en français, gratuit, on-line. Classes des 5/12/19/26 février

                      
                                            "Ose l'or, l'or pur, l'or du travail"
                              "La chair est faible, c'est à dire aussi forte que l'esprit."


                    MULTIPLE DÉTERMINATION ET SURDÉTERMINATION (I)

                     MULTIPLE DÉTERMINATION ET SURDÉTERMINATION (II)
        

                             
                                  TEMPS RÉEL ET TEMPS HISTORIQUE
                                            (Le temps de la psychanalyse)

                   "Un temps où tout se détruit peut être aussi un bon moment pour changer."


                                  LA LECTURE COMME PRODUCTION  
                  
          “Le mieux pour un homme c'est de désirer mourir comme un humain, de façon permanente."
          "L'homme préfère vivre comme un humain que vivre dans l'erreur. Il préfère vivre dans l'oracle des principes humains inconscients, que dans la cruauté, la contradiction et l'absurdité de la conscience.”
                                                                                    Amélia Diez Cuesta




                                             









                                     





            


                                                                 

               

                                                      


mardi 29 janvier 2013

Séminaire Sigmund Freud, en français, gratuit, on-line. Seconde classe (22.01.2013) - troisième classe (29.01.2013)


       L'École de Poésie et Psychanalyse Grupo Cero organise un Séminaire Sigmund Freud, pour lire l'oeuvre de Freud, découvrir la nouveauté qu'elle apporte.

Riche de plus de 30 ans d'expérience quant à la transmission de la psychanalyse, l'École de Poésie et Psychanalyse Grupo Cero s'oppose aux réductions budgétaires imposées par les gouvernants de son pays, en culture, en éducation.  
 
     Vous pouvez écouter :         "Concept de rupture"                                                                                                   Mardi 22 janvier 2013             

 " Nous devons étudier Freud, pas le comprendre."
"Petit à petit, nous allons être fabriqués par le texte."


   Lecture epistémologique 
Mardi 29 janvier 2013 

"Le concept d'inconscient est utilisé comme instrument."
"Le travail du rêve, c'est le travail de l'inconscient."


Tous les mardis à 18h (heure espagnole),
en présence à Madrid, ou à travers le canal de télévision Grupo Cero.





jeudi 24 janvier 2013

LOS CANTOS DE MALDOROR - Conde de Lautréamont

Segundo Canto                                

10 -  ¡Oh matemáticas severas!, nunca os he olvidado desde que vuestras sabias lecciones, más dulces que la miel, filtraron en mi corazón como agua refrescante; desde la cuna yo aspiraba instintivamente a beber de vuestro manantial más antiguo que el sol, y todavía continuó, yo, el más fiel de vuestros iniciados, hollando el atrio sagrado de vuestro templo solemne. Había cierta vaguedad en mi espíritu, un algo espeso como humo, pero supe escalar religiosamente las gradas que conducen a vuestro altar, y habéis ahuyentado ese velo oscuro del mismo modo que el viento ahuyenta el tablero*. Dejasteis en su lugar una frialdad excesiva, una prudencia consumada y una lógica implacable. Con ayuda de vuestra leche fortificante, mi inteligencia se ha desarrollado rápidamente, adquiriendo proporciones enormes en medio de la estupenda claridad que entregáis como regalo a todos aquellos que os aman con amor sincero. ¡Aritméticas! ¡Álgebra! ¡Geometría! ¡Trinidad grandiosa! ¡Triángulo luminoso! Insensatos son aquellos que os desconocen. Merecerían sufrir los mayores suplicios, pues su negligencia ignorante contiene un ciego desprecio; pero aquel que os conoce y estima no aspira ya a otros bienes en la tierra; se satisface con vuestros goces mágicos, y, transportado en vuestras oscuras alas, sólo desea elevarse en un rápido vuelo que trace una espiral ascendente hacia la bóveda esférica de los cielos. La tierra sólo le ofrece ilusiones y fantasmagorías morales, pero vosotras, ¡oh matemáticas concisas! Por el encadenamiento riguroso de vuestras tenaces proposiciones y la constancia de vuestras leyes férreas, hacéis brillar ante los ojos deslumbrados un reflejo poderoso de esa verdad suprema cuyo rastro se advierte en el orden del universo. Pero el orden que os circunda, representado especialmente por la regularidad perfecta del cuadrado -camarada de Pitágoras- es todavía mayor, pues el Todopoderoso se manifestó completamente, él en persona y sus atributos, en esa labor memorable que consistió en hacer surgir de las entrañas del caos los tesoros de vuestros teoremas y vuestros magníficos esplendores. Tanto en épocas pasadas como en los tiempos modernos, más de una gran imaginación humana sintió cohibido su genio al contemplar vuestras figuras simbólicas trazadas sobre el papel inflamado como otros tantos signos misteriosos que anima un hálito latente, incomprensibles para el vulgo profano, y que no son sino la manifestación resplandeciente de axiomas y de jeroglíficos eternos, que existieron antes del universo, y que persistirán cuando éste deje de ser. Entonces aquélla se pregunta, inclinada sobre el precipicio de un punto de interrogación fatal, por qué las matemáticas contienen tantas grandezas imponentes y tanta verdad irrefutable, en tanto que, al compararlas con el hombre, en éste sólo encuentra mentiras y un orgullo postizo. Entonces ese espíritu superior, al que la noble familiaridad de vuestros consejos hace sentir más aún la insignificancia de la humanidad y su locura incomparable, deja caer, entristecido, su cabeza canosa sobre una mano descarnada, y permanece absorto en meditaciones sobrenaturales. Se hinca de rodillas ante vosotras, y su veneración rinde homenaje a vuestro rostro divino como a la propia imagen del Todopoderoso. En los tiempos de mi infancia, os aparecisteis ante mí una noche de mayo, las tres iguales en gracia y pudor, las tres rebosantes de una majestad de reinas. Disteis algunos pasos hacia mí, con vuestros largos vestidos flotantes como vapor, y me atrajisteis hacia vuestros altivos senos como a un hijo bendecido. Entonces acudí presuroso y mis manos se aferraron a vuestros pechos. Me nutrí, lleno de reconocimiento, de vuestro maná fecundo, y sentí que la humanidad crecía en mí y se volvía mejor. Desde ese momento, ¡oh diosas rivales!, nunca os he abandonado. Desde ese momento, ¡cuántos proyectos pujantes, cuántas inclinaciones que creí haber grabado en las páginas de mi corazón como se graba en el mármol, no han ido borrando lentamente, de mi razón desengañada, las líneas de sus contornos, tal como el alba naciente borra las sombras de la noche! Desde ese momento he visto a la muerte, con la intención evidente de poblar las tumbas, asolar los campos de batalla cebados con carne humana y hacer brotar flores matutinas sobre las fúnebres osamentas. Desde ese momento he asistido a las revoluciones de nuestro globo; los terremotos, los volcanes con su lava abrasadora, el simún del desierto y los naufragios de la tempestad, han tenido en mí un testigo imperturbable. Desde ese momento he visto a muchas generaciones humanas elevar por la mañana sus alas y sus ojos hacia el espacio, con la alegría inexperta de la crisálida que saluda su última metamorfosis, y morir al atardecer, antes de la puesta del sol, con la cabeza inclinada como flores marchitas que oscilan al son quejumbroso del viento. Pero vosotras, vosotras permanecéis siempre idénticas. Ningún cambio, ningún aire pestilente roza las escarpadas peñas y los inmensos valles de vuestra identidad. Vuestras modestas pirámides durarán más que las pirámides de Egipto, hormigueros levantados por la estupidez y la esclavitud. El fin de los siglos verá todavía, de vuestras ecuaciones lacónicas y vuestras líneas esculturales, sentarse a la diestra vengadora del Todopoderoso, en tanto que las estrellas se hundirán con desesperación, como trombas, en la eternidad de una noche horrible y universal, y la humanidad gesticulante pensará en ajustar sus cuentas con el juicio final. Gracias, por los innumerables servicios que me habéis prestado. Gracias, por las extrañas cualidades con que habéis enriquecido mi inteligencia. Sin vosotras, quizás habría** resultado vencido en mi lucha con el hombre. Sin vosotras, me hubiera lacerado las carnes y los huesos con sus pérfidas garras. Pero he estado siempre en guardia como un atleta experimentado. Vosotras me proporcionasteis la frialdad que surge de vuestras concepciones sublimes, exentas de pasión; me serví de ella para rechazar con desdén los placeres efímeros de mi corto viaje, y para alejar de mi puerta los ofrecimientos atrayentes pero engañosos de mis semejantes. Vosotras me proporcionasteis la prudencia tenaz que se descubre a cada paso en vuestros métodos admirables de análisis, de síntesis y de deducción; me serví de ella para malograr los ardides perniciosos de mi enemigo mortal, para atacarlo a mi vez con habilidad, y hundir en las vísceras del hombre un puntiagudo puñal que quedará clavado para siempre en su cuerpo, pues es una herida de la cual nunca se recuperará. Vosotras me proporcionasteis la lógica llena de sabiduría, que es como el alma misma de vuestras enseñanzas; con sus silogismos, cuyo complicado laberinto los hace en realidad más comprensibles, mi inteligencia sintió que se duplicaban sus audaces poderes. Con la ayuda de este terrible auxiliar descubrí en la humanidad, nadando hacia los bajos fondos, frente al arrecife del odio, la maldad negra y horrorosa que vegetaba en medio de miasmas deletéreos, admirándose el ombligo. Fui el primero en descubrir, en la tinieblas de sus entrañas ese vicio funesto, ¡el mal!, que en él supera al bien. Con esa arma emponzoñada que me prestasteis, hice descender de su pedestal, construido por la cobardía del hombre, ¡al Creador mismo! Rechinó los dientes y soportó esta afrenta ignominiosa porque tenía por adversario a alguien más fuerte. Pero lo dejaré a un lado como un ovillo de hilo, con objeto de volar más bajo... El pensador Descartes hacía cierta vez la reflexión de que nada sólido se había edificado sobre vosotras. Era un modo ingenioso de dar a entender que el primer advenedizo no podía sin más ni más, descubrir vuestro inestimable valor. En efecto, ¿hay algo más sólido que las tres cualidades principales ya mencionadas, que se elevan, entrelazadas en una corona única, sobre la cima augusta de vuestra arquitectura colosal? Monumento que crece incesantemente con los diarios descubrimientos en vuestras minas de diamantes y con las exploraciones científicas en vuestros soberbios dominios. ¡Oh santas matemáticas, ojalá pudierais, mediante vuestra perpetua asistencia, consolar el resto de mis días de la maldad del hombre y de la injusticia del Gran Todo!
   
Traducción de Aldo Pellegrini
  
*Tablero: Variedad de petrel con el plumaje en forma de tablero de ajedrez. (N. del T.)
**  "j'aurai été", en el texto original: – habré sido. 



                                                                Tablero

mardi 22 janvier 2013

Séminaire Sigmund Freud, gratuit - online - jusqu'en juillet 2013.



L'École de Poésie et Psychanalyse Grupo Cero organise un Séminaire Sigmund Freud, pour lire l'oeuvre de Freud,
découvrir la nouveauté qu'elle apporte.

Tous les mardis à 18h (heure espagnole),
en présence à Madrid, ou à travers le canal de télévision Grupo Cero.

Riche de plus de 30 ans d'expérience quant à la transmission de la psychanalyse, l'École de Poésie et Psychanalyse Grupo Cero s'oppose aux réductions budgétaires imposées par les gouvernants de son pays, en culture, en éducation.


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Vous pouvez écouter ici la première classe
qui a eu lieu  mardi 14 janvier.

"La psychanalyse est une science parce qu'elle dévoile une cécité de l'homme."





dimanche 20 janvier 2013

La crisis en España - Por Susana Lorente.

¿Aún se creen que el ciclista Lance Armstrong ha ganado siete Tours de Francia sólo dopándose?. ¿Nada tienen que ver sus condiciones psíquicas, el entrenamiento y el trabajo durante años, el equipo humano y logístico, el grupo al que pertenece, la tolerancia al éxito, el deseo, al menos, de ganar, la constancia, perseverancia y dedicación, la ambición, la competitividad?. Sabemos que todos o sino casi todos los ciclistas de alto nivel se dopan, no es ningún secreto, una ayuda, éticamente incorrecta o no, si se pretende alcanzar los niveles exigidos por la Unión Ciclista Internacional para estos deportistas. A pesar de esto, leemos en los principales medios de difusión que sin escrúpulos le quitan los siete Tours de Francia, como si hubieran descubierto al cabecilla de un cartel de la droga, o como si eso arreglara algo, o educara a alguien por las consecuencias que supone.

Es así como barajan la posibilidad de dejar el premio desierto, eliminarlo tal como si no hubiera existido después del gran y costoso despliegue económico, logístico y humano, después de la participación de tantos otros que trabajaron y lucharon por el título. Algo tan exagerado, desacertado y extremo que no nos puede más que hacer pensar que las personas que están tomando esta decisión, más que actuar de una madera madura, científica y al menos justa, están desplazando los problemas con su sexualidad infantil reprimida a decisiones sociales y deportivas tan relevantes como ésta. Es una manera de entenderlo benevolente, porque también podemos pensar que es por ignorancia, o por razones económicas, o directamente por envidia, venganza, maldad, o por corrupción, o una manera de enviar un mensaje al país de nacimiento del ciclista, que no sabemos si hubiera sido otro si éste hubiera nacido, por ejemplo, en china: “ya no sois lo que erais”. Un “por” que en realidad es un “para” y una “o” que en realidad, seguramente, sea una “y”.

El caso es que criminalizar a un ciclista, producto del propio sistema de mercado deportivo, debe ser consecuencia de un psiquismo al parecer algo impotente y perverso, gobernado por la doble moral y la culpa proyectada en un chivo expiatorio, la propia corrupción velada por la aplicación de la ley sobre el peón de turno, parecido a los arrestos de chinos y famosos en el caso de blanqueo de dinero en España. Una manera de desviar la mirada, como con el revuelo que este asunto ha provocado.

El presidente de la Unión Ciclista Internacional quiere olvidar a Armstrong, eliminar todo su rastro, lo cual no quiere decir borrarlo de la historia del ciclismo, tal como nos intentó mostrar el juez Garzón, “legalmente” silenciado. Olvidar a ciclistas como Armstrong de la historia del Tour porque él continuó cuando otros seguramente se retiraron antes de ser pillados, es como olvidar que hubo un padre que se acostó con nuestra madre para que 

naciéramos, lo que no significaría, como sabemos, que no hubiera un padre que contribuyó al proceso. Y no es que Armstrong sea el padre del ciclismo, pero los ciclistas son el alma de la competición y ganar siete Tours de Francia merece algún reconocimiento. En realidad la exageración la encontramos en los propios medios de comunicación, como con este titular aparecido el día de hoy en la portada de un periódico: “Armtrong ensucia los 100 años del Tour”. El entorno no es una excusa, Armstrong es también responsable de sus actos, pero hay que darse cuenta de que no es suya toda la responsabilidad que implica el caso y no es justa una sentencia de ese calibre cuando es juzgado curiosamente por los mismos que le acusan. La pregunta es: y a ellos ¿quién les juzga?, ¿su mamá?.

Las leyes y las normas hay que aceptarlas, eso lo sabemos
consciente e inconscientemente, no en vano esta sumisión fue la base de la constitución de nuestro psiquismo y de la civilización. Pero cuando las figuras de poder actúan como si ellos mismos fueran la ley, cambiando sus postulados más fundamentales a su antojo moralista y comercial, deja de existir la ley. A pesar de esto quieren y exigen que otros respeten esa bruma acuosa en que su mezquindad se despacha a gusto en pro de los sueños omnipotentes de poder. Con sus necesidades de alimentación y casa satisfechas mucho más allá de lo requerido por la necesidad, con una arrogancia con la que no pueden detenerse a pensar que cambiar primero de ideología, psicoanalizar su goce perverso e infantil, aprender a hablar y a leer, es fundamental antes de hacer uso de los propios productos de mercado que ponen en escena su muro de las lamentaciones. Sería una condición indispensable para llegar a ser un justo gestor de ese poder económico, político, social, cultural y por supuesto, deportivo, más correspondiente en estos tiempos al ámbito privado que al público, más para unos pocos afortunados que para el pueblo. Ejercer el poder por el poder no educa a nadie, más cuando todos saben, aunque se hagan los despistados, que con el tema del dopaje importantes cuestiones se ponen en juego.


 El asunto es que en la mayoría de los ámbitos de poder actuales, lo correspondiente a la economía no hace más que confundirse con una economía libidinal “coitalizada”, con un mete saca al estilo más propio de las relaciones eróticas sodomitas, como la relación de Alemania y España, en que la primera goza de multiorgasmos bancarios apretándole, con perdón, los huevos a la segunda. Sabemos, por acertadas películas como "En Defensa Propia" del Director Miguel Oscar Menassa, que los problemas actuales del mundo, las medidas políticas desacertadas, el movimiento de los mercados, son también producto de nuestro psiquismo. Si no, cómo se explican ustedes que una sola frase del presidente del BCE haga bajar la prima de riesgo o subir la bolsa en un solo día. Los poderosos lo saben, la imagen y la palabra tienen más valor y fuerza que todo un ejército junto, atacando. El problema es que la palabra es un instrumento que utilizan de manera perversa, si es el caso de que la utilicen, dado el silencio al que se acogen según el modelo democrático pro-franquista aplicado. Modelo en que no sólo someten utilizando con tacañería y escasez el vocabulario, también someten con la represión policial, con la represión verbal y sexual en el más amplio sentido de la palabra, o incluso, si nos permiten, más íntimamente tatuando el golpe de una regla en la mano de un niño mientras se lavan la sotana aprovechando que Dios anda ocupado resolviendo si Adan y Eva tendrían que tener, o no, ombligo, en las pinturas renancentistas.

Y parece que no pasara nada, pero tenemos que decirlo: es socialmente indignante, políticamente incorrecto, moralmente deplorable, éticamente vergonzoso, que, como pequeño ejemplo, sean gastados 50 millones de euros en la visita promocional del papa a España con 870 millones de personas pasando hambre en 
el mundo. O que sea comprado un nuevo papa-móvil por 400.000 €, mientras en la radio escuchamos al Papa Benedicto XVI en la Jornada Mundial de la Alimentación, decir: “Se trata, en definitiva, de asumir una actitud interior de responsabilidad, capaz de inspirar un estilo de vida distinto, con la sobriedad necesaria en el comportamiento y el consumo, para favorecer así el bien de la sociedad. Y que valga también para las generaciones futuras, por su sostenibilidad, tutela de los bienes de la creación, distribución de los recursos y, sobre todo, el compromiso concreto por el desarrollo de pueblos y naciones enteras". No podemos más que sentir contradicción y decepción. La subvención a la iglesia decrece, aún así se mantiene según los medios españoles en 1,7 millones de euros. Dinero para negocios privados y bancos sin código deontológico que les rija, y niños sin dentista, sin gafas, sin transporte, sin guardería, sin ayuda para estudios, y más encima pagando unos 50 euros al mes por calentar un tupper en el microondas de su colegio, entretanto los Ministros comen subvencionados fuera del recorte de 2.700 millones de euros de la Comunidad de Madrid para los servicios sociales, la sanidad y la educación. Pequeños ejemplos, grandes esfuerzos de familias de la clase media en España, tendente a desaparecer.

 
A lo mejor es que el proyecto está enfocado en que aprendamos
a tomar la posición del presidente español, decúbito prono, y otorgar 40 mil millones de euros de nuestro dinero a los bancos, de los cuales hacen uso los directivos de la catástrofe para irse a su casa con indemnizaciones de 14 millones de euros y con los préstamos cerrados para el pueblo porque no hay dinero. O si no, incorporándonos hacia decúbito supino, se elimine el IBI y el IAE al proyecto multimillonario de Eurovegas, al mismo tiempo que se suben los impuestos, se bajan los sueldos, se eliminan las ayudas para la educación y la cultura, se acaba progresivamente con la sanidad para los más necesitados, suben todos los productos especialmente los de primera necesidad, baja el valor adquisitivo de los españoles de la clase media trabajadora, de los pobres, y se destruyen progresivamente desde el año 2008, 2.6 millones de puestos de trabajo, lo cual eleva a un nada despreciable 25 % la tasa actual de paro en España. Dentro de este porcentaje se encuentran sobre todo jóvenes que no solo no trabajan, sino que tampoco estudian, y que por si eso fuera poco son criminalizados por hablar, por quejarse, por luchar por algo, designados de extrema izquierda por medios de comunicación y políticos, como si ese discurso de izquierda se pudiera encontrar fácilmente en este momento en España.

El paro aumenta, el consumo decae, volvemos 30, 40 o 50 años atrás en derechos laborales y sociales más crueles aún si cabe. Y con esta situación en la mayor parte del vivir cotidiano del pueblo español, escuchamos a la señora Ministra de Trabajo decir, sin prurito alguno, aunque luego no pare de rascarse, y sin ningún dato de ninguna entidad que corrobore su declaración, que estamos saliendo de la crisis cuando todos vemos cómo se agrava progresivamente la situación en todos los ámbitos. Son valoraciones que no hacen más que legitimar la estupidez familiar, la ignorancia, la maldad y las inhibiciones psíquicas de la mayoría de los que nos rigen y que tienen la palabra en los medios de comunicación. 
  
Estas faltas de respeto que se permiten los políticos a los ciudadanos también hablan de un silencio y una pasividad como españoles que nos hace cómplices. Por un lado, de que la izquierda hoy por hoy malgaste su energía en la pasividad que requiere mantener un poder que ya perdió en las urnas. Fracaso, nos atreveríamos a decir que casi deseado después de que su candidato no pudiera más que ponerse una corbata azul y dejara mentir a destajo a su opositor en el debate previo y definitivo a las elecciones. Suponemos que demasiadas complicaciones se avecinaban. Y por otro lado, en lo que respecta a la derecha, con el poder que le otorgó la mayoría esperanzada en no ser más vapuleada por la injusticia, encuentran hoy el cerebro de una operación salvaje, delictiva y criminal contra sí mismos. Por supuesto no nos referimos a las clases económicas altas, intactas hasta el momento. Dos manos políticas, Izquierda y Derecha, atrapadas en este momento histórico de decadencia por un mismo cuerpo ideológico y discursivo.

 Lo cierto es que con los resultados obtenidos en las elecciones en Galicia no sabemos si somos conscientes de la situación, o que tal vez la extrema fidelidad a modelos amados que claramente son perjudiciales, nos hayan jugado una mala pasada a la hora de votar. También es probable que como pueblo estemos faltos de alternativas políticas confiables, tanto por la fragmentación interna que sufren los dos principales partidos, como por las medidas absolutamente infructuosas para el crecimiento del país: robo de sueldos, arrebato de los derechos, veto y sectorización de la cultura y la educación, desatención de los más desfavorecidos, cierre de todo tipo de centros asistenciales, sociales y culturales, subida de impuestos, incremento del precio de servicios básicos, etc, etc. Medidas reflejadas en los nefastos datos consecuentes, como por ejemplo, el desplome del consumo durante solo el mes de septiembre de 2012 de un 12 %. ¿Esperaban acaso algún otro resultado?.
 
Y es curioso que al borde de la pobreza y la exclusión social se le pida a las familias que dejen de quejarse, bajo amenaza de aplicar el veto al habla o la manifestación por “artículo 33” de la “Ley x” creada oportunamente y por cualquier justificación que se inventen, no sin antes promover el botellón para que los estudiantes cierren la boca en torno a la botella y no entorno al Congreso de los Diputados, con las manos levantadas para no ser confundidos con los perturbadores que gritan: “¡que soy compañero, que soy compañero!”. En resumidas cuentas, casi todos, si no todos los puntos del programa electoral incumplidos: en cualquier país civilizado eso significaría una dimisión inminente por engaño y agresión al pueblo.

Está claro, lo de Armstrong es una excusa, no vamos a comparar lo incomparable en un ánimo globalizacionista, pero aunque las diferencias son evidentes, el poder impositivo y mudo hace estragos de manera muy similar en buena parte del mundo, injusta, cruel e injustificadamente. Cada uno debería responder por su parte de responsabilidad, pero no va a ser así ni en España, donde nos encontramos con paradojas tales como que le otorguen un crédito de casi 6 millones de euros a un yerno del Rey que dice ganar 3.000 euros al mes, ni en el Tour, que son capaces de criminalizar a un deportista de manera desproporcionada, borrarle de la historia, después del trabajo cumplido según sus propios parámetros.

Encontraron cabeza de turco e incriminarán a Armstrong, dejando los premios desiertos por no verse en la tesitura de pillar a más deportistas en la falta que daría al traste con el mensaje promocional y la cuantiosa partida destinada al antidopaje. Y no, no está mal dicho, la droga es un negocio y el marketing que esta decisión supone es realmente abrumador: según ellos, Armstrong ha ganado nada menos que siete Tours de Francia solo por doparse, las ventas se incrementarán un 200 %, toda una oportunidad para deportistas ambiciosos y comerciantes. Este es el tipo de mensaje al que nos tienen acostumbrados desde los ámbitos de poder, cuya educación se reduce a aprender a soportar la injusticia y tolerar la estupidez. La enfermedad, la ambición suprema del podio y la ignorancia, generan grandes beneficios a sectores determinados de la industria, dan de comer a gobiernos y enriquecen a grupos selectos de individuos y/o colectivos como a la Agencia contra el Dopaje, o bien a las farmacéuticas, dueñas y beneficiarias de la clave de nuestro éxito, conseguido sin ningún trabajo señoras y señores, sólo con tomarse una pastillita…


Susana Lorente